Larga duración editado por discos Philips en 1977 en que Mercedes Sosa rinde homenaje a Atahualpa Yupanqui, interpretando una serie de canciones escritas y popularizadas por el cantautor argentino.

Dice en la contra portada del disco:

No es la primera vez que se unen, en la magia perpetuadora de belleza y sonidos que es el disco, las canciones de Atahualpa Yupanqui y la voz de Mercedes Sosa. Pero esta vez la conjunción se ha dado de modo especialísimo, no sólo como homenaje —pues el reconocimiento es ya largo— al compositor del venero fecundo, sino lambió como tributo y loa al suelo que, al fabricante de los versos y a la singular recreadora de su espíritu, les dio vida y raíces, ojos para mirarlo y corazón para amarlo.

Del río y de la montaña, del bosque y de la pampa, surge la canción que el alma sencilla y secular del pueblo diera.

Y hombres y mujeres de alma clara recogen y la llevan a cuestas como un fardo de luz que nada pasa, la llevan en la alforja como un grano de trigo y maíz que no se seca nunca, la acunan en la entraña como un hijo. Y la lanzan al viento de todos los innúmeros caminos que caminan, para que —antorcha y alimento— con ella sean menos oscuras las noches oscuras del planeta. No es la canción del pueblo —queja, divertimiento, lección, lucha, recuerdo— cosa para cantar de labios para afuera. Pasa por la garganta, vibra en un instrumento.

Quien aspire a tenerla, a darla, a repetirla, no podrá hacerlo desde una torrecita de marfil cualquiera, sino únicamente si está inmerso en el pueblo: viendo a través de su pupila los mismos árboles y las mismas flores, las lunas y los soles que el pueblo ve; sudando los sudores, bebiendo sus anhelos. Es decir, no “cantándole al pueblo”, sino siendo pueblo. Y tal es el caso ahora.

Venido de mis lares lejanos a estos pagos hermanos, no siento la distancia, he tenido la suerte buena de presenciar una parte de la grabación de este disco. Y con Mercedes, cuya voz vence el frío del invierno, con Domingo Cura que hace sonar el bombo en un rito majestuoso y jovial, con Oscar Alem que da al bajo sonoridades y ritmos de agua profunda, con Nicolás Brizuela puesto a pulsar su guitarra criollísima, lindamente, y con Santiago Alberto Bértiz, el “Pepete” querido, hermano por encima del tiempo, otra vez —¡qué bien!— en el tañer de las cuerdas de las que no se sabe si de pronto van a salir volando mariposas o pájaros, he asistido a una especie de prodigio.

Llegamos al estudio, tras un simple tararear de Mercedes en la línea melódica, tras una breve, certera, indicación técnica de Alem y un repaso ligero de acordes y compases de Domingo de Colacho y de Pepete, brotaron las zambas y las chacareras del maestro. En menos de dos horas y media de labor, cinco canciones de Yupanqui quedaron —el punteo, el rasgueo, las cadencias, el gorjeo y el son— para deleite de tantos que somos hoy, y de muchas que mañana serán, plasmadas sin mancha en el acetato bendito.

Muchas veces me he preguntado, desde mi estremecimiento dulce, oyéndola una y otra vez pero nunca bastante, cual es el secreto de Mercedes en su voz que traspasa todos los muros y los años y llena el firmamento. Y no he podido hallar en los pentagramas la respuesta cabal. No es sólo cuestión de afinación, de aire amplio, de ritmo dominado, perfecto. Va más allá, cielo arriba, pecho adelante: porque amor es su palabra fundamental y amar es el verbo mayor que ella conjuga.

Amor a los seres y las cosas, amor que distingue la aurora de la sombra; pero que jamás se esconde, ni se retrae, ni duda cuando la gente buena y las cosas honradas se asoman a su vida y a su acaecer humano. Tal su clave, pues: amor, amor inmenso, intenso, verdadero, infatigable, que nos alcanza, nos envuelve, nos penetra, nos gana y nos enciende.

Un día, miles de kilómetros norte arriba, en mi México tan parecido en mi esencia vital a la Argentina que es pueblo agridulce y recio, esperanzado y limpio, cuando llegó Mercedes, tucumana, argentina, yo escribí, pensando sin embargo en el continente entero y en el mundo… con su voz, con su canto, con ella, “va a comenzar a crecer, a recrecer aquí la yerba de la historia hermana”.

Y ahora lo confirmo. Porque en ella va la poesía inviolable de la tierra.

Alberto Domingo
(Revista “Siempre” México)

Lista de temas y autores:

01. Piedra y camino [Atahualpa Yupanqui] (3:44)
02. Guitarra dímelo tú [Atahualpa Yupanqui] (3:21)
03. Chacarera de las piedras [Paula Pepín] (2:02)
04. Tú que puedes, vuélvete [Atahualpa Yupanqui] (3:44)
05. La viajerita [Atahualpa Yupanqui] (3:12)
06. Los hermanos [Atahualpa Yupanqui] (2:57)
07. Criollita santiagueña [Atahualpa Yupanqui – Andrés Chazarreta] (3:35)
08. La alabanza [Atahualpa Yupanqui – Hermanos Díaz] (2:10)
09. La arribeña [Recop. y Mús. Atahualpa Yupanqui] (3:31)
10. Duerme negrito [Recop. Atahualpa Yupanqui] (2:25)
11. Zambita de los pobres [Atahualpa Yupanqui] (3:59)
12. El alazán [Atahualpa Yupanqui – Pablo del Cerro] (3:52)

Disfrútalo!!

 

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