Segundo Larga Duración del Conjunto folklórico Cuncumén, editado por EMI en el año 1959 bajo el número de serie LDC-36064. Integraban en aquella época el Cuncumén: Helia Fuentes, Silvia Urbina, Nelly Bustamante, Adriana Ordenes, Alejandro Reyes, Juan Collao, Jaime Rojas, Rolando Alarcón y Víctor Jara.

Dice en la contraportada del LP:

EL CONJUNTO CUNCUMEN

Cerca de Melipilla, pueblo situado a más o menos sesenta kilómetros de Santiago, existe un pequeño poblado de nombre Cuncumén. Allí florece aún el retoño de raíz secular, anida fresca la tradición, y el gesto y la actitud simples y elementales no han sido desdibujados por el paso del tiempo.

En mapuche Cuncumén significa “murmullo del agua” y éste es el nombre otorgado a un conjunto de artistas chilenos cuya finalidad es reverdecer las danzas y cantos tradicionales chilenos. Este conjunto o se gestó en el verano de 1955 en las continentalmente prestigiadas Escuelas de Verano de la Universidad de Chile, que en materia de folklore destaca como Profesora a Margot Loyola, artista chilena de renombre internacional y con relevantes actuaciones en España, Francia, Rusia, Bulgaria, Argentina, Uruguay, Perú y otros países.

Los integrantes del conjunto Cuncumén eran —y en la práctica se mantienen como tales— alumnos de Margot Loyola. Amantes de la expresión vernácula, en Margot encontraron la guía precisa. Es por este motivo que su partida de nacimiento como conjunto la anotamos en 1955, año en que Río de Janeiro y Sao Paulo saben también de su valer. En dicho año se presentan en ambas ciudades, ofreciendo un panorama de nuestra música en medio de los aplausos del público y la crítica.

El año de 1957, el Cuncumén sale nuevamente del país. Esta vez la meta es Europa y allá se lucen en radio, televisión y teatros, actuando ante públicos de Austria, Bulgaria, Rusia, Alemania, Hungría y Francia. A su retorno, radios Sociedad Nacional de Minería y Chilena los incluyen en sus programaciones participando además en presentaciones públicas que los transforman en artistas de gran arraigo popular. Vienen luego los discos y el éxito se hace definitivo.

El papel del conjunto Cuncumén es divulgar la música folclórica y en este terreno son ahora exponentes de indiscutible valía. Compuesto por ocho personas el Cuncumén aúna en sí características poco comunes: sus integrantes son investigadores acuciosos y además la mayoría son cantantes y danzarines. Unen a esto una formación humanística sólida: los más son pedagogos y además se incluye un abogado y médico. Si alguien desea encontrar no sólo una instantánea, sino además, un completo documental sobre nuestras expresiones folclóricas —cantos y danzas— ciertamente que en el conjunto Cuncumén encuentra expresión adecuada. La ductilidad ante sus componentes permite mostrar en legítima profundidad el valor del autóctono chileno.

Ahora bien, recoger el folclore significa empaparse de lo vernáculo. Recorrer caminos, detenerse junto a la mujer y el hombre simple, escucharlos, hacerse eco de ellos. El conjunto Cuncumén ha salido airoso en esa tarea, porque lo ha realizado a conciencia y ha sabido conseguir la amistad del pueblo. En Pomaire por ejemplo no sólo se les conoce como artistas, sino también como amigos. Y es que los componentes del Cuncumén desarrollan además una labor social y —cada uno en su especialidad— están llanos a ofrecer su amistad al que la necesite. Quien visite Pomaire podrá comprobarlo.

Los componentes de Cuncumén son Silvia Urbina, Helia Fuentes, Adriana Ordenes y Nelly Bustamante en la parte femenina. En la masculina, Rolando Alarcón, compositor y director musical; Alejandro reyes, director de danzas; Jaime Rojas y Juan Collado.

 

COMENTARIO

Al querer penetrar en la música chilena, sucede, por cierto, lo mismo que en la totalidad de los pueblos americanos: la raíz hispánica asoma de continuo. Sea en una línea melódica, sea en un verso, sea, incluso, en el dibujo estilístico. Pero, desde luego, esta característica no es absoluta. El medio avasallador de la naturaleza americana, pone también su acento. De aquí que, aún con resabios, la música chilena pueda también reclamar un sentido personal. A veces muy simple, todo ingenuidad; otras con el trascendentalismo innato a lo religioso-primitivo.

Lo urbano y lo campesino tienen diferencias notables. Podría discutirse largamente siguiendo las teorías científicas sobre el folklore, si el origen está aquí o allá. Sin embargo no es esto la más importante, sino observar hasta qué punto el folklore trasunta o no el alma de un pueblo. En el caso chileno esta proyección es efectiva. Acusa de modo claro sus vivencias más íntimas y también sus fenómenos de circunstancias. Es, en una palabra, hondamente expresivo de lo humano nacional.

En los villancicos parecería que sucede lo contrario. Este tipo de canto es rigurosamente universal, tiene raíces demasiado antiguas, su temática es ajena al color local. Pese a esto, es cierto que en Chile ha sabido mostrar rostro propio. Y si no un rostro propio, si un gesto muy definido, distinto.

Se puede especular cuanto se quiera sobre el villancico. ¿Surge simultáneamente al nacimiento del Hijo de Dios, como homenaje de los pastores, o es una costumbre posterior…? En cualquier caso, hay algo evidente: ha sufrido variaciones con el correr del tiempo y según el lugar en que se lo ha interpretado. En América Latina, el villancico es una derivación de los antiguos romances españoles aplicados a las celebraciones ceremoniales de carácter religioso. Primitivamente se le denominará “gozos” y de aquí se sucederán los “villancicos” propiamente tales, las “décimas” y los “cantos de aguinaldo”.

En propiedad, el villancico es el único canto coral del folklore. En el principio no debió de ser así, porque el “pueta” o “cantor” gozaba de privilegios. Ahora en cambio, ofrece un sentido masivo. Para cantarlo no se busca un intérprete, sino que todos participan por igual del gozo derivado del Nacimiento del Niño Dios. Testimonio de la individualidad primitiva es el uso del pronombre personal: “Yo me vengo de Viluco…” / “Yo la vengo a saludar”; / “Yo vengo del otro lado”; “Yo vengo de la Angostura”; etc…. Pero ya en estos mismos textos se advierte un sentir colectivo: “Vamos alegres vamos cantando, vamos unidos, todo bailando…”; / “Vamos, vamos, vamos a Belén. Vamos, vamos, que vamos a ver”.

En lo que respecta a lo típicamente chileno, una ligera mirada a los versos nos ofrece de inmediato aspectos de nuestra idiosincrasia: ese desenfado natural del pueblo, de probable origen andaluz, que se expresa en el tuteo y que, además, encierra no poco humor. Un villancico tradicional expresa: “De Renca te traigo choclos/ y unos porotos pallares/ para que, con buen pilco/ chiquillo Dios, te regales”. Simultáneamente a esto, el pueblo no deja de asombrarse del milagro del Nacimiento, el que suele enternecerlo y despertar en él una profunda gratitud y un amor infinito. Como efecto, de ahí vienen los ofrecimientos y ofrendas, los cuales traduce en objetos de uso diario o productos de su cosecha: frutas, legumbres, tejidos, etc. En lo atingente a esto último, es curioso como nunca escapa al pueblo la necesidad de cubrir con ropas al recién nacido. En el desarrollo de los versos, tampoco deja de lado la queja tan propia del campesino como modo de justificar futuras peticiones. Porque nunca dejan de pedir. En casi todos los villancicos, junto a la celebración del Nacimiento, está la petición: “Que no se olvide de mi”.

Muchos de los villancicos ofrecen variantes en el sentido de dirigirse a la Madre de Dios, resabio, posiblemente, de nuestro secular matriarcado, esto es el predominio de la Madre sobre la familia, así como el conocimiento —puramente doctrinario— de que la Virgen es la mejor mediadora ante sus divino Hijo.

En lo formal, los versos incluyen modismos propios al pueblo que los ha hecho suyos y el ofrecimiento de productos agrícolas propios de la estación.

Aparte de esto, el villancico es un fiel reflejo de la inquietud —consciente o inconsciente— que los fenómenos extranaturales hacen recaer sobre la gente sencilla. Y, por otro lado, una imitación simple de lo visto entre gente de mejor condición social.

En la actualidad, Chile ofrece villancicos en gran cantidad recogidos de la tradición oral. Algunos, como se puede apreciar en este disco, son de acento hispánico puro. Otros, ya se han chilenizado o realmente son nacidos aquí. Es difícil precisar. Lo importante es que el pueblo se encuentra en ellos para manifestar su fe y dejar ver las vibraciones de su alma. Este panorama de villancicos que ahora ofrece el Conjunto CUNCUMÉN es un reflejo cabal de cómo la idea de fondo —respeto, adoración, asombro y gozo por el nacimiento del Hijo de Dios— está latente en nuestro pueblo. En otro plano, este disco es un homenaje del Conjunto CUNCUMEN para Violeta Parra, Margot Loyola y demás investigadoras que los han ayudado.

José María Palacios

Lista de temas y autores:

01. El niño lindo [Rolando Alarcón] (2:44)
02. Doña María, le ruego [Violeta Parra] (2:44)
03. Al temperuléi [Recop. Violeta Parra] (2:19)
04. Cuando la Virgen María [Popular chilena] (1:57)
05. Entonces me voy volando [Violeta Parra] (2:04)
06. Yo vengo de Colliguay [Cristina Miranda-Margot Loyola] (2:23)
07. Arrurrú [Popular chilena] (1:51)
08. Buenas noches, San José [Popular chilena] (2:38)
09. Décimas por el nacimiento [Violeta Parra] (4:43)
10. Señora doña Marida [Recop. Margot Loyola] (2:50)
11. Ay sí, ay no [Recop. Margot Loyola] (2:08)
12. Villancico norteño [Rolando Alarcón] (3:04)
13. No importa, doña María [Rolando Alarcón] (3:19)

Escuchar: Villancicos chilenos (Conjunto Cuncumén)

 

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