Lautaro ParraHa muerto don Lautaro Parra. Murió en su casa de Jordbro, Estocolmo, a las 21 horas del jueves 2 de mayo de 2013. Aunque estuviera viejo y enfermo, la pérdida es inefable. Nuestros pensamientos van en primer lugar a su esposa doña Birgitta Brorström, a sus hijos, nietos y bisnietos.

Si resumiera a don Lautaro en una palabra, sería en la palabra maestro. Era un maestro de la guitarra, la cual dominaba con una libertad total de obstáculos técnicos o mentales. Llegó a ser ella la extensión de su pensamiento y de su voluntad, capaz de volar libremente en todas las dimensiones de la música.

Don Lautaro era un maestro de la poesía. De una manera completamente incomprensible podía crear décimas octosilábicas sobre cualquier cosa. Era también un maestro de tallar en madera, de los combates históricos de Chile, de la cocina… Nadie puede hacer el “pebre” como lo hacía él. ¿Y quién puede asar un pedazo de carne improvisando a la vez unas décimas sobre la misma preparación?

Sus libros en décimas son la obra de un artista maduro. Desde el relato cariñoso de su madre en “La Pacha Mama” –cuya franqueza causó ciertas controversias con partes de la familia– hasta la obra cumbre, “Los Payadores”, vemos una riqueza y una dominación total del medio que podría ser descrita como el Arte de la Fuga decimista.

Don Lautaro era un narrador magistral. Su vida llena de experiencias y su capricho ilimitado podía resultar en cuentos temerarios, completamente vertiginosos. Eran casi siempre una mezcla de la verdad pura y de una especie de realismo mágico, característico de su generación y de su continente. Si yo fruncía el ceño admitía con gusto que, como todos los poetas, sufría de fantasía en exceso.

Era una persona auténticamente soberana, nunca temeroso de pensar de su manera muy propia. Como un intelectual verdadero tenía ideas modernas y sensatas en los asuntos más sorprendentes. Firme en la tormenta estaba; imperturbable pero sensible como un molino de viento.

Era un alma emprendedora, siempre de un exceso de ideas y de optimismo. Nada era pesado o complicado. Discutimos publicaciones de libros y de discos hasta el final. Sus últimos poemas fueron reflexiones abstractas, dictadas desde la cama en momentos despiertos. Si se echó un sueño en el medio de una frase, al despertar prosiguió desde donde se había dormido.

Don Lautaro era un gigante que, con una metáfora nietzscheana, podía hablar con otros gigantes de otros tiempos y de otros lugares. Pero también era una brizna de hierba, sencillo y natural, contento de ser uno de tantos otros miembros del pueblo.

Don Lautaro es eterno como el cuentista del hogar de la cueva. Sus ideas, sus cuentos, sus músicas seguirán viviendo en las mentes y acciones de familiares y amigos, repartidos por todos los continentes. Era un hombre sabio que tenía muchos siglos dentro de sí, pero que vivía siempre sonriente en el momento.

Pocas veces ha sido tan justificado citar a Atahualpa Yupanqui, quien dijo que cuando muere un anciano de 85 años, es como quemar una biblioteca.

Fuente: cancioneros.com

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