Santiago Feliu

La trova está de luto, a los 51 años ha muerto Santiago Feliú, uno de sus hijos más dotados; quien nos lega un puñado de canciones, y mil recuerdos que las acompañan.

Falta el tiempo para rendir un homenaje como el que Santi se merece (ya habrá). Sólo pude colocar un par de sus discos, a los que adjunto las palabras que sobre él hoy escribieron Silvio y su hermano Vicente.

Buen viaje Santi, perpetuaremos tu legado, multiplicando las ansias del alba…

Silvio Rodríguez y Vicente Feliu

Escribió Vicente Feliú en su perfil de Facebook:

«A los cincuenta por lo general los infartos del miocardio son implacables. Si además estás sobradamente feliz con los últimos trabajos, feliz porque tu hijo que vivía en Barcelona está contigo, y feliz porque con tu nueva compañera, encantadora, vas a tener otra descendencia en un mes, la emoción puede ser fatal. Eso debe de haberle ocurrido al Santi en esta madrugada, cuando le explotó el corazón. La ventaja –para él- es que se fue sin sufrimiento. El sufrimiento como alud nos cae a quienes nos quedamos, los que tendremos que aprender a vivir sin su gaguera, sin sus canciones nuevas, sin su despiste permanente, sin su roja visión personalísima de Cuba.»

 

Y dijo Silvio en su blog:

«Suena el teléfono a las cuatro de la mañana y pienso que ojalá sea un equivocado. Desde una conciencia adormecida el instinto de conservación lanza ese pensamiento. Si esa llamada no es error ¿qué buena noticia te pueden dar a las cuatro de la mañana? El instinto no traiciona, no miente, viene de un lugar ignoto pero corta como navaja, porque cuando escucho Aurora y después “cuándo fue”, ya la cabeza está en Vicente, que está en Guatemala, en algún accidente de avión o carretera, en un atentado loco.

Pero no es avión ni carretera ni atentado ni Vicente. Es Santiago, el más joven, a quien hace una hora se lo llevó un infarto.

Ayer mismo borré la carpeta donde le puse una selección de fotos de su boda. ¿Por qué llevaba días pensando en él?

Muchas malas palabras se me ocurren. Muchas. “Son tantas, que se atropellan”»

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