Amerindios

BIOGRAFÍA

Como un puente entre el primer rock de raíz folclórica desarrollado en Chile y la canción política asociable a la Nueva Canción es como elige verse, en retrospectiva, el grupo Amerindios. Pese a su férreo compromiso con el proyecto allendista y su activa participación con la solidaridad chilena en el exilio, el dúo de Julio Numhauser y Mario Salazar (ampliado en un período por Patricio Castillo) trabajó un sonido diferente al de la canción comprometida convencional, con influencias de rock y de jazz, y abierto a nuevos timbres y arreglos. Esta vocación por la mezcla terminó de consolidarse con las carreras solistas que ambos músicos continuaron en paralelo a partir de su separación, a fines de los años setenta.

“Los colihues”, “Juan Verdejo” y la atrevida “Cueca beat” son algunos de los títulos más memorables de un grupo muy significativo para la canción chilena de los años sesenta y setenta, pero en torno al cual persisten escasas pistas históricas y cuya discografía se ha convertido hoy, desgraciadamente, en materia de coleccionistas.

Folk eléctrico

Los grupos de trabajo y solidaridad en torno a las tomas de terreno en los alrededores de Santiago acogieron los inicios del grupo Amerindios. En el Centro Antropológico Médico-Social del Hospital San Borja se encontraron hacia 1967 dos jóvenes de desarrollada afición musical, ambos recién titulados de las carreras de Antropología y Sociología. Respectivamente, Julio Numhauser y Mario Salazar se apegaban con entusiasmo al trabajo social impulsado desde los partidos y grupos de izquierda, manteniendo, a la vez, un avanzado interés por la canción de raíz latinoamericana y el jazz. Numhauser había alcanzado a trabajar dos años junto a la primera formación de Quilapayún.

Su doble compromiso con la música y el socialismo fue acercando al dúo a gente como Víctor Jara, Inti-Illimani, Isabel y Ángel Parra, Payo Grondona, Tiemponuevo y Nano Acevedo, y a la compañía de teatro Aleph. Más adelante, su desarrollado interés por el rock los hizo estrechar amistad con grupos como Los Jaivas y Congregación. Junto a todos ellos, Amerindios colaboró en estudio y en vivo, haciéndose parte del elenco habitual de espacios históricos como La Peña de los Parra. Su primer disco, Amerindios (1970), se integró al catálogo de la etiqueta Dicap, e incluyó un par de canciones de Sergio Ortega (“Nixon” y “Una vez un yankee yo encontré”) entre un grueso de composiciones propias, caracterizadas por su ritmo acelerado, sus versos en torno al ideal del hombre nuevo y el proyecto de la UP (“Mes de volantines”, “Blanco, rojo y azul”), la personificación de los menos privilegiados (“Sr. Juez”, “Juan Verdejo”), y la armonización vocal entre ambos músicos. Así se les presenta en la carátula de ese primer álbum:

«En su camino, el germen, lo vivo de la cultura popular se imbrica con la visión del mundo crítica y comprometida. Son cientistas sociales. Situados colaboradores en el esfuerzo libertario de las poblaciones. Participantes en las sacudidas de conciencias que fue la reforma universitaria. Compromiso y folklore son las grandes dimensiones de este aporte».

Tu sueño es mi sueño, tu grito es mi canto (1972, IRT) amplió esa búsqueda de un modo vibrante hacia el rock, gracias a canciones de base eléctrica y/o fusión, como “A pie camino” y “Cueca beat”, o las piezas insrumentales “La cervecita” y “Valparaíso, 4 A.M.”. El disco incluía, además, “Los colihues”, su canción probablemente más conocida, inspirada, según Mario Salazar, en un discurso de un dirigente mapuche escuchado por el dúo en uno de los viajes del Tren de la Cultura, amplia iniciativa cultural que el dúo coordinó durante el gobierno de la Unidad Popular.

Lejos de poner en guardia a la ortodoxia musical de la época, los experimentos de Amerindios fueron destacados por su audacia e inventiva por muchos de sus compañeros de canto, asegura Salazar. Además, el grupo mantuvo una estrecha relación con el gobierno de Salvador Allende, acompañando algunos de sus actos masivos, y haciéndose parte de viajes de delegación cultural, como el realizado a Ecuador en 1971 junto a Patricio Manns y Cuncumén. La venida de Fidel Castro a Chile, en 1972, motivó el encargo de musicalización de un documental sobre la visita (El diálogo de América, dirigido por Álvaro Covacevich), y también puede escucharse su música en El gran desafío, registro audiovisual de los discursos de Allende en la ONU y México. “Hoy es el primer día del resto de tu vida”, en tanto, fue el muy rockero himno que el dúo grabó como jingle para la revista juvenil Onda.

La identificación de Amerindios con el gobierno inspiraría parte de lo mejor de su repertorio político pero pondría en riesgo su vida apenas producido el Golpe de Estado, en septiembre de 1973. El quiebre democrático y la dictadura que le sucedió dejaría varios proyectos creativos truncos; entre ellos, la cantata América libre, obra concebida por Antonio Smith (Congregación), de la cual Amerindios alcanzó a dar datos de adelanto en una entrevista con Ricardo García publicada a principios de ese año en Ramona.

Al exilio

Tras cinco semanas de vida en clandestinidad, con órdenes militares de aprensión en su contra, Salazar y Numhauser partieron al exilio el 23 de octubre de 1973, como parte de una extensa comitiva que acompañó al grupo Los Jaivas a una supuesta cita profesional en Mendoza. El escape, bien planificado, logró dejar a los músicos y sus familias al otro lado de la frontera, dando así inicio a un largo destierro que en el caso de Amerindios se extendería por más de quince años. Buenos Aires y Barcelona fueron las primeras y breves paradas de un trayecto que los dejó un año más tarde instalados en Estocolmo, Suecia. Allí, el dúo se hizo parte activa de las muchas actividades europeas de solidaridad con Chile, manteniendo un ritmo constante de presentaciones en festivales y peñas de exiliados; a veces junto a otros cantores rioplatenses distantes de su patria, como Alfredo Zitarrosa, Daniel Viglietti y Atahualpa Yupanqui. Alejado de ti… pero contigo (1978) fue la única publicación del grupo durante su período de exilio.

La decisión de Julio Numhauser de comenzar un trabajo paralelo con músicos en Suiza, el grupo Somos, precipitó el fin de su sociedad con Mario Salazar y el término de Amerindios. Junto a músicos jóvenes establecidos en Suecia, este último mantuvo por varios años la Mario Salazar Band, con la que publicó dos álbumes y compuso numerosas canciones de orientación política. A su regreso a Chile, en 1989, el músico se ocupó en diversas actividades como sociólogo, además de ofrecer esporádicas presentaciones en vivo junto a Max Berrú y grabar algunos temas propios junto a integrantes del grupo Amaru.

Julio Numhauser, en tanto, se mantiene viviendo en Estocolmo, donde ha alternado su trabajo como músico solista (es autor de la famosa “Todo cambia”) con la labor diplomática en la Embajada chilena en Suecia.

Fuente: Marisol García
musicapopular.cl

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