(Apología de Sócrates • Critón • Eutifrón • Ion • Lisis • Cármides • Hipias Menor • Hipias Mayor • Laques • Protágoras)

SINOPSIS: Este primer volumen dedicado a Platón (427-347 a.C.) incluye, junto con el segundo, los diálogos iniciales, los llamados de juventud o «socráticos», en los que la hondísima impresión que le produjo Sócrates (al que conoció teniendo dieciocho años, momento en que vivió su «conversión» a la filosofía) se manifiesta en una constante presencia del maestro, tratado con una admiración indisimulada y con afán vindicador tanto de su persona como de sus ideas y principios. En estos primeros diálogos ya quedan fijados los rasgos estructurales que definirán las obras platónicas posteriores: suceden siempre en Atenas o en sus alrededores; no se refieren a sucesos contemporáneos, sino que la acción se desarrolla en el siglo V, durante la vida de Sócrates; las conversaciones nunca se extienden más allá de un día, como en la tragedia. Lo específico de estos diálogos iniciales es el carácter breve, la estructura dramática sencilla, el carácter aporético (no conclusivo) y el contenido exclusivamente ético, al margen de la metafísica y de la teoría de las Ideas o Formas que surgirán en la obra de madurez.

Apología de Sócrates afirma reproducir el parlamento del maestro en el juicio que acabó conduciendo a su muerte, a raíz de una confusión (algunos le tomaron por un sofista que socavaba los más firmes cimientos morales de la sociedad ateniense) tal vez no exenta de mala fe. Platón estuvo presente en el juicio, y guardó un vivo recuerdo de la intervención de Sócrates, de su rectitud moral (que le llevó a defender sus convicciones más que su vida) y de su respeto por las leyes, aunque dieran lugar a veredictos erróneos.

El Critón, el más breve de los escritos platónicos iniciales, está muy vinculado a la Apología. Tras la terrible sentencia, Sócrates y Critón repasan los conceptos y puntos de vista que ambos aceptaban anteriormente, para comprobar si siguen siendo válidos.

El Eutifrón se sustrae ya a las circunstancias del juicio y a su dramatismo, y aborda un tema filosófico: la piedad y la impiedad, que de todos modos constituyó un aspecto fundamental en el proceso. Sócrates empieza a ser aquí un personaje dramático que permite filosofar, no sólo el Sócrates histórico.

El Ion, cuya autoría ha estado sometida a debate, tiene como protagonista a un rapsodo o cantor ambulante, primer fundamento de la educación griega con sus recitaciones de poesía épica. El diálogo trata la inspiración poética, y plantea la oposición decisiva entre conocimiento racional, inteligencia y arrebato o entusiasmo.

El Lisis, diálogo entre cuatro jóvenes atenienses y Sócrates, tiene por tema principal (Platón es un pensador sintético y siempre trata varios temas asociados, entre los que en todo caso pone más énfasis en uno) el concepto de amistad, la philía, el vínculo entre personas que rebasa la relación familiar y la camaradería o compañerismo. La importancia histórica del Lisis consiste en ser el primer texto literario que indaga en la naturaleza del amor y la amistad, en su dimensión ética y vital.

Cármides está dedicado al debate sobre la palabra sophrosýne (sabiduría, moderación, prudencia, disciplina…), fundamental en filosofía, para alcanzar un concepto claro que permita avanzar y profundizar en el conocimiento, que como siempre en Platón tiene una aplicación práctica en la realidad de la sociedad, en la pólis: los conceptos pueden modificar los comportamientos y por tanto la realidad.

Hipias Menor e Hipias Mayor ponen en evidencia la superficialidad de los conocimientos de los sofistas, y las absurdidades a las que conducen sus argumentos caso de creerlos; el primero trata de la virtud de personajes homéricos; el segundo, del concepto de la belleza, que acabará conduciendo en los diálogos medios a la teoría de las Formas o Ideas.

En el Laques, un diálogo vivaz de gran encanto literario y protagonistas (dos generales) muy bien trazados, se analiza la virtud del valor; ninguno de los dos estrategos sabe dar cuenta de la esencia conceptual de sus acciones, aunque ambos se han distinguido en el servicio valeroso a su ciudad.

El Protágoras, por último, tiene como tema principal determinar si la areté (virtud, excelencia moral y política) es enseñable, como sostenían los sofistas. El sofista Protágoras y Sócrates debaten desde posiciones enfrentadas al principio, pero al final del diálogo parecen haber intercambiado sus pareceres; en todo caso la cuestión permanece abierta, y será recuperada, ya dentro del marco de la teoría de las Formas o Ideas, en Menón y La República.

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Fuente: Edición de PERRERAC a partir de archivo encontrado en scribd.com

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