Trajo los ritmos del folklore pampino a Santiago en los años 50, impone en las radios su cueca “Caliche”, el “Trote tarapaqueño”, y muchas canciones que se enseñaban en los colegios del país. Pero el costo fue alto, se le acusó diciendo que “la música de La Tirana era sacra y no se podía dar a conocer”, pero Freddy Albarracín Iribarren, nacido el 21 de septiembre de 1924 en la oficina salitrera Santa Laura, insistió y pobló el cancionero de ritmos nortinos: “Camanchaca”, “Adiós Salitrera Victoria”, “Tamarugal”, “Cueca a San Lorenzo”, “La Tirana Chica”, “Mi Nombre te Hará Llorar”, “Oración al viento” entre otros temas.

Calatambo quiere decir, “Posada de Piedra”— nos relata el cultor — de niño me gustó la música, a los catorce años cantaba boleros y canciones de Tito Guizar, Juan Arvizú y Alfonso Ortiz Tirado. Cuando estudiaba, mis compañeros me decían que, en el norte era “pura cosa de indios”. Eso hiere mi amor propio y me impulsa a investigar y componer música pampina.

¿Y cómo encauza en Santiago sus conocimientos? ¿adónde va ?
En los años 1952 trabajo como todos, gratuitamente, en la Escuela Cultural Pedro Aguirre Cerda que dependía del Ministerio de Educación y funcionaba en Tropezón. Estaba René Zarzosa dirigiendo todo y Diomedes Valenzuela, hacía la música campesina; Hermógenes Méndez, Teatro; Emilia Pakomio, Isla de Pascua, y yo, lo nortino. Yo fui el primero que trajo Zampoñas, pusas, sikus y quenas, sikuris y lichiguayas. Los ritmos del norte “los arreglé yo” hace cincuenta años, no habían cuecas calicheras en el norte.

Háblenos de su familia Calatambo, ¿qué hacían sus padres?.
Nosotros éramos diez hermanos, cuatro en Iquique y todos los otros en la salitrera, mi padre tuvo que casarse por la asignación familiar, lo llevaron a la fuerza y lo tomaron preso en Huara. Mi abuelo paterno era peruano, un hombre de situación, tenía flota de lanchas y panadería, después le aplicaron la “Liga Patriótica” y le quitaron parte de sus bienes. Mi abuela era chilena, de apellido Bravo, de Copiapó.

¿Y sus padres?
Mi madre hija de boliviano y de Argentina. Mi abuelo materno era un político de Cochabamba, perdió su partido, lo saquearon y mataron. Mi abuela se salvó, metió a mi abuelo y al hermano de este en un horno, se vinieron a la pampa a trabajar de comerciantes. Mis padres eran chilenos, Carmen Iribarren Iribarren empezó a vender ropa usada en la pampa, y Luis Albarracín Prado trabajó de sereno, ahí nací yo.

Explica que, la música nunca le dejó un peso, al contrario tuvo que financiar a su conjunto “Los Calicheros de Sierra Pampa”, con los cuales grabó trotes, cuecas, cachimbos y ritmos de La Tirana en algunos discos.

Post Data

Recuerdo haber escuchado los temas de Calatambo Albarracín en la radio barnizada en nogal de mi antigua casa de calle Copiapó frente a Lingue. Los tocaban una y otra vez, “Caliche” y el “Trote tarapaqueño”. Luego bailados en patios de escuelas pobres de pabellón deshilachado. Guitarreada en vihuelas hechizas de cuerdas de alambre. No hay duda que esos cachimbos que originalmente tocaban bandas de bronces de regimientos y sin texto, cobraban singular vida en la voz de este hombre jovial, moreno y entusiasta que golpeaba riendo y bailando su tambor de cuero.

La vida es una sucesión de asombros. Bajo la tiranía fundé la “Peña Javiera” allí frente al Teatro “Caupolicán” de mi infancia; digámoslo, al comienzo hubo miedo y muchos se restaron de participar. Más poco a poco el público y los artistas en un pacto sin palabras cerraron filas con nuestro tablado de San Diego. Una noche llegó Calatambo y un grupo de jóvenes músicos, venía a cantar, a solidarizar, y así lo hizo, cada cierto tiempo aparecía con el mismo vigor y voluntad y cantaba con el ímpetu de los años 50, con el mismo que cuando niño le escuchara sentado al comedor caoba de la casa de mis abuelos Blanca y Baldomero.

Nano Acevedo

Escucha:

      Tu nombre me hará llorar (Calatambo Albarracín y Los Calicheros)

 

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