El 17 de diciembre de 1965 una bandada de globos cubrió los cielos de la comuna de La Reina, en Santiago de Chile. Era la forma en que Violeta Parra comunicaba al pueblo la apertura de un centro cultural que ella proyectaba como una gran “universidad nacional del folklore”. El tiempo le dio al lugar un destino mucho más trágico: fue el sitio donde, sólo un año más tarde, el 5 de febrero de 1967, Violeta se quitó la vida.

El centro cultural consistía en una carpa de circo emplazada en La Cañada 7200, en un terreno que le había sido cedido gratuitamente a Violeta por el alcalde de la época, don Fernando Castillo Velasco. En él Violeta esperaba que durante el día concurrieran personas, especialmente jóvenes, a aprender distintas disciplinas artísticas relacionadas con el folklore. En la noche, la carpa debía abrirse como un escenario para que los creadores pudieran exponer su trabajo. La distancia y el difícil acceso al lugar, impidieron que el proyecto de Violeta pudiera materializarse en la forma en que ella lo había visualizado.

El año 1966, de la mano del sello EMI-Odeón (LDC 36581), Violeta Parra lanzó un álbum colectivo que llevó por título el nombre de su recientemente inaugurado centro cultural. En él Violeta participa con cuatro canciones, que hasta ese entonces se encontraban inéditas. A ella se suman varios artistas que, bajo el alero de Violeta, desarrollaban su trabajo en la Carpa: el Grupo Chagual, Héctor Pavez, sus hermanos Lautaro y Roberto Parra. También incorpora al naciente Conjunto Quelentaro, que interpreta dos canciones folklóricas que habían sido recopiladas por Violeta.

El año 2007, el sello EMI reeditó este álbum con sonido stereo, como parte de su Colección Bicentenario. Ambas versiones, en LP y CD, hoy se encuentran descatalogadas, y son casi imposibles de conseguir.

Presentación de Marisol García para la reedición en CD:

Darle forma a un gran centro de arte popular fue un sueño que Violeta Parra albergó por años. Su regreso a Chile, en agosto de 1965 —luego de su más larga estadía en Europa—, ilusionó a la artista con la posibilidad de fortalecer al fin en su tierra sus esfuerzos de difusión del folclore chileno. Violeta imaginaba un espacio amplio en el que mantener no sólo un escenario para sus recitales y los de sus amigos, sino también un lugar de acogida en el que los creadores pudieran mostrar y enseñar su arte. Detalló por escrito el proyecto de una suerte de academia folclórica, en la que se impartirían clases de música, danza y artes plásticas. «Aquí se escucharán las canciones desconocidas — explicó en entrevista al diario El Siglo—, las que brotan de las mujeres campesinas, las quejas y alegrías de los mineros, las danzas y la poesía de los isleños de Chiloé».

La propuesta entusiasmó de inmediato al entonces alcalde de La Reina, Fernando Castillo Velasco, quien le entregó en concesión por treinta años un terreno en lo alto de la comuna, en un sector conocido como parque La Quintrala. Violeta compró a cuotas una enorme carpa amarilla y comenzó a organizar su traslado. La llamada Carpa de La Reina fue inaugurada el 17 de diciembre de 1965 con una ceremonia que incluyó el corte de una cinta tricolor, bendiciones sacerdotales y globos de helio. Ángel Parra trae a la memoria la imagen de su madre ese día: «… una mujer iluminada. Le brillan los ojos preparando delicias que serviría a sus amigos. Canta, sonríe, va de la cocina al escenario».

Desde entonces y hasta su fallecimiento, el lugar fue para Violeta el epicentro de sus quince meses más turbulentos. Redundaría distinguir entre sus actividades de trabajo y su vida personal: Violeta mezclaba ambas en un todo incansable, en el que deber y placer eran indivisibles. A un costado de la gran carpa, una construcción precaria albergaba su rutina junto a Gilbert Fauvre y Carmen Luisa, su hija menor. La cantautora chilena con más prestigio en el extranjero confirmaba de ese modo su oposición vital a los lujos, privilegios y convenciones. Su carpa era, decía, el reencuentro con la tierra.

Grabado por turnos en los estudios que Odeon mantenía en calle San Antonio, Carpa de La Reina es un disco que registra fielmente el espíritu de aquella aventura, y el único que logró plasmar la esencia de acaso el más querido proyecto de Violeta Parra, una artista generosa que entendía el folclore como una dinámica de intercambio, aprendizaje y coordinación de talentos. Por eso son muchas las voces e instrumentos que aquí se escuchan. Violeta se hace cargo de cuatro nuevos temas suyos —nunca antes grabados por ella en disco—, pero el resto es un paseo por el acervo folclórico a cargo de algunos de los músicos que ella sentía más cerca en esos momentos, incluyendo a sus hermanos Lautaro y Roberto. Mientras el primero interpreta con enorme gracia las milongas “El cargamento” y “El sueño”, Roberto justifica su condición de secreto mejor guardado de la cueca urbana. Con su voz bien sostenida y su vivísimo rasgueo sobre la guitarra, Roberto aquí le saca brillo a dos de sus mejores cuecas choras: “Atención, calcetineras” y “De puro cuaco”.

Varios de estos invitados comenzaban recién su camino musical. Quelentaro era entonces un conjunto sin ningún álbum grabado, pero cuyas primeras composiciones habían llamado poderosamente la atención de Violeta Parra. El grupo se hace aquí cargo de dos tonadas tradicionales recogidas años antes por la cantautora y grabadas por ella en uno de los discos de la colección El folklore de Chile. Sus voces armonizadas y la energía sobre sus instrumentos difieren por completo del formato de copla que más tarde los caracterizaría.

Así como Héctor Pavez, del grupo Millaray, se había convertido en un leal amigo de la artista, los integrantes de Chagual eran entonces una suerte de ahijados de Violeta. Cada martes, entre siete de la tarde y la medianoche, el grupo llegaba hasta la carpa de La Reina a recibir sus lecciones. En entrevista con El Siglo, Arturo San Martín recordaba la mezcla de severidad y desafío de esos encuentros: «Violeta nos hacía repetir hasta treinta veces una estrofa; nos llegaban a sangrar las manos. Uno sentía que no perdonaba los errores, pero en el fondo lo hacía por ayudarnos. Una vez pasada esta etapa de aprendizaje espartano, cambió totalmente. “Ahora tienen que volar solitos”, nos decía. “Usen los ritmos como les salgan, prueben instrumentos diversos, siéntense en el piano, destruyan la métrica, libérense. La canción es un pájaro sin plan de vuelo, que odia las matemáticas y ama los remolinos”». Esa libertad queda aquí en evidencia en su interpretación para “Debajo de la palma” y “Corazón maldito”; esta última, una de las composiciones de desamor más famosas de la artista chilena, pese a que Violeta nunca la dejó registrada con su voz.

Los años han teñido de oscuro el recuerdo del lugar que atestiguó el quiebre del amor entre Violeta y Gilbert, las sucesivas decepciones de la artista ante la escasa convocatoria de su esfuerzo, la crueldad de una comunidad que incluso reclamó ante la alcaldía por sus “ruidos molestos”, y las crisis más profundas en el ánimo de la cantautora. Sin embargo, este disco permite iluminar la evocación de aquel refugio en lo alto de Santiago que también fue sede inigualada de expresión popular y colaboración creativa. Las canciones aquí incluidas permiten captar parte de la viveza del espacio escogido por Violeta Parra para sentir al público por última vez cerca suyo.

Marisol García
www.musicapopular.cl

Lista de temas y autores:

01. La Pericona se ha muerto [Violeta Parra] (2:19)
02. Atención, mozos solteros [Del folklore] (2:25)
03. Corazón maldito [Violeta Parra] (2:06)
04. El sueño [D.R.] (2:38)
05. De puro cuaco [Roberto Parra] (1:53)
06. Debajo de la palma [Del folklore] (1:26)
07. El nombre de mis queridas [Del folklore] (1:40)
08. Se juntan dos palomitas [Violeta Parra] (4:24)
09. Atención, calcetineras [Roberto Parra] (1:46)
10. El joven para casarse [Del folklore] (3:00)
11. El cargamento [D.R.] (2:18)
12. Los pueblos americanos [Violeta Parra] (1:27)
13. Palmero, sube a la palma [Violeta Parra] (1:36)

 

Disfrútalo!!

Gracias a Hernán.

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