Esta madrugada de 1° de enero de 2015 se cumplieron ocho años de esta aventura llamada PERRERAC: “La canción, un arma de la revolución…”. Ha sido un tiempo largo y lleno de sobresaltos. Tomando en cuenta todos los obstáculos que he debido sortear, muchas veces me pregunto por qué sigo adelante con este proyecto…

En el fondo, creo que la respuesta es sencilla:

Desde que tengo uso de razón he sentido inclinación por las manifestaciones culturales. Es un gusto que me inculcó mi abuela, doña Berta Luvecce, quien por sobre todo amaba la lectura. Yo heredé de ella ese gusto, como muchos otros. Más tarde, estando en el liceo, creo que en segundo medio, descubrí el canto popular. Mi guía en aquel tiempo fue un profesor, don Alejandro Oyola. También me ayudó descubrir la radio Umbral, de la que me hice fiel auditor casi desde su inicio (no miento cuando digo que me cayeron las lágrimas el día que dejó de estar al aire).

Cuando esto ocurría era muy pobre, así que dinero no tenía para comprar música “original”. En aquel entonces me las batía con una modesta radio cassette, donde grababa lo que iba saliendo en la Umbral (desgraciadamente perdí esos cassettes). También ayudó lo que hoy llaman “pirateo”. Fueron varios amigos, e incluso profesores, que me regrababan algún disco para poder tenerlo. Cintas de muy mala calidad, de las más baratas, pero que cumplían su objetivo. En ese tiempo era bastante menos “exigente” con el sonido.

Cuando entré a la universidad pasé por un período muy complejo, en donde no tenía donde vivir, y a veces ni siquiera para comer. En esos momentos, la música y la lectura fueron una gran compañía, que reforzaron mi cariño por ellas. Del mismo tiempo, inolvidables son los guitarreos junto a mis compañeros de universidad, donde recorríamos el cancionero latinoamericano. También las visitas al Edka (o algo así), donde cantaba Eduardo, un amigo que era ex-preso político del MIR, a quien íbamos a escuchar con un par de amigos casi todas las semanas. Nos sentábamos en una mesa (la de los artistas) donde se nos permitía estar toda la noche junto a una única botella de vino (generalmente era otro quien las pagaba, no yo).

Desde que recuerdo, la música y los libros siempre han estado presentes en mi vida. Han sido compañeros y amigos. Incluso cuando no había nadie más, ellos siempre estaban. Y así como me gusta disfrutarlos, también desde que recuerdo gocé mostrando a otros mis preferencias. Ya sea de forma individual o a través de colectivos políticos y culturales, siempre busqué hacer algo por difundir la cultura; esta cultura que nos han legado nuestros mayores, esta que habla de mundos y hombres nuevos, de luchas, de revoluciones, de colectivos más fraternos y solidarios.

Visto de este modo, creo que es fácil entender por qué hago PERRERAC: lo llevo en la sangre. Lo que ayer hacía en espacios muy reducidos, hoy puedo hacerlo para que llegue a miles de personas. Hace pocos días me llegó un aviso del sistema de estadísticas que tengo instalado, donde me comunicaban que durante 2014 alrededor de 340.000 visitas había recibido el sitio. Me puso muy contento. Eso me demuestra que lo que hago no es tan en balde. Si tanta gente viene a parar a este espacio, significa que algo bueno estoy haciendo.

Tomando en cuenta el tiempo, el esfuerzo, e incluso el dinero que me cuesta PERRERAC, no han sido pocos quienes me han preguntado por qué no hacer otra cosa, algo que me otorgue dividendos “ económicos”. Ciertamente me gustaría dejar mi trabajo y ganarme la vida en algo como PERRERAC. Pero tal vez, si fuera así, se convertiría en una carga y no le pondría tanto empeño. Yo disfruto haciendo este espacio. Disfruto las horas que me toma conseguir los discos y los libros, editarlos, para después compartirlos. Además, gracias a PERRERAC he conocido mucha gente que ha enriquecido mi vida. Algunas de estas personas ya abandonaron este mundo, como Paulo Saraiva y Jorge Sevilla, amigos entrañables que mucho aportaron y apoyaron este proyecto. También he conocido una gran cantidad de artistas, que también han apoyado esta iniciativa, autorizándome para colocar sus obras. Otros, si bien no se han manifestado expresamente, conocen PERRERAC y me dejan hacer (al menos, hasta ahora, nadie me ha demandado por lo que coloco en el sitio, aunque algunas amenazas no han faltado). También hay muchos otros vínculos con personas que he desarrollado en estos años, gente que ha prestado aportes invaluables como Hannes, Alberto, Herrold, Ulises, Kike y tantos otros. Imposible olvidar en esta reseña a Hernán, que por tanto tiempo me ayudó en la mantención del sitio. Y más recientemente Boris (Luis), con su colección de vinilos impresionante, que está permanentemente enviándome material para enriquecer mi colección. En fin, es mucha gente, de seguro olvido a un montón, si leen esto sabrán disculparme.

Son ocho años invertidos y no los siento. PERRERAC me ha dado muchos dolores de cabeza, pero también infinitas satisfacciones. Podrá sonar a cliché, pero yo no concibo la vida sin tratar de hacer algo por el resto, algo por mejorar un poco este mundo. PERRERAC es mi aporte, chiquito, modesto, pero creo que un aporte al fin y al cabo.

Son ocho años, y espero que sean muchos más. De mí y de todos depende. Yo seguiré poniendo los esfuerzos que sean necesarios. Ustedes me seguirán brindando su apoyo. Y así está sociedad seguirá fructificando.

Sólo eso quería decir. Es una noche de nostalgias que quise compartir con ustedes.

Un abrazo a todas y todos

Hasta la victoria, siempre!!

Spartakku

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